NANI F. CORES

  • La artista presenta 'Pabellón de género' en la Sala Alcalá 31 de Madrid.
  • Reúne obras que reflexionan sobre la discriminación de la mujer realizadas en las últimas dos décadas.

Performance The Walking Ceiling

Se define Alicia Framis (Barcelona ,1967) como "una artista española errante". Afincada desde hace años en Ámsterdam (Holanda), donde llegó para estudiar un máster, presenta estos días en la Sala Alcalá 31 de la Comunidad de Madrid la exposición Pabellón de género, en la que repasa sus últimos 20 años de carrera. Una muestra que supone "volver a casa y reunir unos trabajos que convierten este lugar en una especie de refugio".

Encontrar este 'refugio' y este reconocimiento en su país "representa mucho porque mis trabajos se han visto de forma muy esporádica... ver de golpe tantas obras que han sido tan importantes para mí es maravilloso porque la gente podrá hacerse una mejor idea de lo que he hecho hasta ahora".



Pabellón de género no es, sin embargo, una reunión sin más de sus mejores piezas sino que tanto la artista como su comisaria, Margarita Aizpuru, han querido dotarla de un significado más profundo seleccionando aquellos trabajos en los que, a lo largo de estas dos décadas, la artista ha abordado la cuestión de género y la situación de la mujer en la sociedad actual (aunque también estén presentes obras en las que el hombre y sus roles son protagonistas).

"Desde hace años tenía muchísima ilusión por juntar en una exposición los trabajos que hablan de género que de vez en cuando voy haciendo. En los últimos tiempos se han hecho varias retrospectivas de mi trabajo pero siempre me quedo algo frustrada con el resultado. Ahora estoy realmente satisfecha por la selección y porque ésta repercute en que sea más interesante para el espectador", confiesa a 20Minutos.

Si algo delimita (y a la vez no limita) las obras de Framis es su capacidad para entremezclar distintas disciplinas -performance, instalación, vídeo, arquitectura, moda o diseño- y su deseo de abordar temas tan duros como la violencia doméstica y otros más invisibles como la opción de la no maternidad, los roles de género o la discriminación laboral desde un punto de vista que tiene su fuerte en lo poético y la metáfora más que en el mensaje radical feminista o la propaganda. "Mi trabajo se basa sobre todo en las relaciones humanas y en como denunciar situaciones de supeditación y discriminación en nuestra sociedad. Esta imagen de que ellos son los malos tampoco me gusta. Todo lo contrario. Creo que ellos también están muy perdidos en su rol en la sociedad".

De esta manera la exposición se divide en dos grandes ejes. Para empezar un grupo de obras relacionadas con las arquitecturas y las habitaciones a las que espectador accederá tras un cacheo previo -con el que, de paso, se denuncia la intimidación a la que somos sometidos todos en pleno siglo XXI y a la que ya parecemos más que habituados-.

Aquí encontramos trabajos como Arquitectura secreta, habitáculo en el que unas performers ataviadas con antifaz regalan a los hombres un par de zapatos a cambio de un plano de un lugar secreto donde las mujeres tengan prohibido el acceso; o Hijas sin hijas, un espacio ideado para que las mujeres reflexionen sobre lo que supone no tener hijos e incluso dejen testamento por escrito de lo que quedará de ellas cuando mueran.

Para la ocasión, Framis presenta una nueva performance: The Walking Ceiling, un alegato contra ese invisible techo de cristal a que se somete tanto económicamente como por estatus laboral a las mujeres. Ella misma lo ha sufrido en sus propias carnes: "A mis 50 años me he dado cuenta que las artistas mujeres que hemos sobrevivido hemos tenido que demostrar dos veces más lo que valemos y que lo vamos a hacer bien. Hay cabida para artistas hombres mediocres pero no para las mujeres".

También se incluye aquí una reconstrucción de su famosa Habitación del grito, que transforma los desahogos vocales de los visitantes en tazas de té por medio de una impresora (la artista recibió un premio a la innovación por esta obra que por primera vez la voz se utilizó con tecnología 3D).

Por su parte, el segundo bloque expositivo se orienta más a sus piezas de cariz más performativo relacionadas con el videoarte, la moda e incluso el activismo callejero como MAMAMEN, una serie de trajes de hombres con portabebés con los que se denuncia también como el mundo laboral constriñe sus tareas como padres; o Anti_Dog, la primera colección antibala, fuego y perro para mujeres. Los más morbosos disfrutarán con la contemplación de 8 de junio, libran las mujeres una acción-desfile con modelos desnudos que Framis realizó con motivo del 160 aniversario de la marca Loewe con el objetivo de denunciar la explotación de la mujer y que la firma acabó censurando.

Cómo acabar con la violencia

Para Framis "la educación empieza en las cocinas de todas las casa y ya en ellas debe haber una igualdad que luego debe extenderse a los colegios, donde niños y niñas aprendan a ser independientes sin necesidad de roles".

Framis y el feminismo

Hijas sin hijas (1997).
 Una habitación solo para mujeres y hecha para pensar. En una pared pueden leerse las frases de más de cien mujeres que decidieron no tener hijos. Framis hizo a todas ellas la misma pregunta: "¿Qué dejarás cuando te mueras?"

Instalación 'Hijas sin hijas' de Alicia Framis

Algunas de las frases que componen la instalación Hijas sin hijas de Alicia Framis

Anti_Dog (2002). 
Moda hecha en tefal contra las balas, el fuego y los perros ideados por Framis tras ciertos episodios contra mujeres de color acaecidos en Berlín. En ellos bordó frases que mujeres maltratadas no querían oír más como 'I wish you'd just die' donde colocó además un simbólico copyright para que nunca más vuelvan a utilizarse.

Dos trajes de la colección 'Anti_Dog' de Alicia Framis

Dos trajes de la colección 'Anti_Dog' de Alicia Framis

The Walking Ceiling (2018)
. El 60% de las licenciadas de las universidades son mujeres pero muy pocas de ellas alcanzarán puestos directivos. Una performance, vídeo e instalación que reflexiona sobre el llamado 'techo de cristal' y las dificultades de las mujeres para acceder a puestos de responsabilidad y sueldos similares a los hombres.

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