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  • El mal tiempo no da tregua. La tos se adentra en muchos hogares y los bolsillos empiezan a llenarse de pañuelos.

Niña enferma

Tanto los catarros como las bronquitis o las neumonías están originadas por virus o bacterias, solos o en combinación con agentes externos como el tabaco, la polución o determinados tóxicos químicos. Que la temperatura ambiental sea mayor o menor no influye en absoluto. Otra cosa es que durante el otoño e invierno aumente su incidencia. Pero esto se debe sobre todo a que en esta época tendemos a permanecer más tiempo en lugares cerrados, donde los gérmenes tienen más facilidad para propagarse de una persona infectada a otra sana. Pero por mucho que nos abriguemos, no evitaremos el contagio. También en los meses fríos son más frecuentes las infecciones respiratorias por gérmenes debido a las bajas temperaturas.

Lo tercero que tienen en común es que las tres afectan al sistema respiratorio, pero en distintas zonas. Según explica la doctora Lorena Comeche Casanova, especialista en Neumología del Hospital Universitario Quirónsalud Madrid, "el catarro o resfriado afecta a las vías respiratorias superiores: nariz, fosas nasales, laringe y faringe. La bronquitis, como su nombre indica, afecta a los bronquios, que son los conductos que llevan el aire al interior de los pulmones. Y la neumonía afecta a los pulmones en sí".

La diferente localización de cada enfermedad genera unos síntomas específicos que nos pueden ayudar a diferenciar una de otras.

Catarro: nariz y garganta

Los síntomas más frecuentes de los catarros, resfriados o constipados son "congestión y goteo nasal, dolor de garganta (faríngeo), estornudos e irritación ocular. A veces también provoca tos, pero notaremos que se origina por un picor o molestia en la propia garganta".

La mayoría están causados por un virus, principalmente por el denominado rinovirus, "así que olvidémonos de la tentación de usar antibióticos para tratarlo, porque de nada sirven contra los virus", advierte la doctora Comeche. De hecho, añade, el tratamiento indicado inicialmente es para aliviar los síntomas a base de paracetamol, ácido acetilsalicílico o ibuprofeno, pero lo más recomendable es reposo, beber mucho líquido y esperar a que pase en unos pocos días.

Bronquitis

"La tos persistente, habitualmente acompañada de mucosidad, es el síntoma más común de la bronquitis. Puede prolongarse hasta 20 días, incluso después de que haya desaparecido el resto de los síntomas. Generalmente la provoca un virus, que produce una inflamación de los bronquios y una mayor cantidad de mucosidad", explica la neumóloga de Quirónsalud Madrid.

"Pero es importante saber -recalca- que estos virus muchas veces atacan cuando el bronquio ya está irritado por culpa del tabaco, la contaminación ambiental o la exposición a gases y productos químicos, así que evitar todo ello reducirá significativamente el riesgo de contraer una bronquitis". La inflamación y mayor mucosidad de los bronquios puede provocar también otros síntomas como silbidos al respirar (sibilancias), opresión en el pecho y fiebre moderada.

Al igual que en el catarro, el tratamiento es principalmente sintomático, encaminado a facilitar la respiración y reducir la tos. Aunque en algunos casos puede requerir tratamiento antibiótico.

Neumonía: fiebre y dolor

La neumonía es una infección de uno o ambos pulmones. Sus síntomas más comunes son fiebre, tos con mucosidad amarillenta o verdosa, escalofríos con temblores, dificultad para respirar y malestar general. "Aunque no siempre se presenta -añade la doctora Comeche-, un síntoma muy distintivo de la neumonía frente a las otras dos enfermedades respiratorias es un dolor agudo y punzante en el tórax o el costado".

Puede ser provocada por diferentes patógenos como bacterias, virus y hongos. "En los adultos, lo más habitual es que se produzca por la bacteria Streptococcus pneumoniae, que requiere tratamiento antibiótico. Por el contrario, en niños pequeños es más frecuente que tenga un origen vírico".

Lo mejor, prevenir

Descartado enfundarse en tres capas de abrigo, la mejor prevención para las tres enfermedades es una correcta higiene de manos, que es una vía común de entrada en nuestro organismo de virus y bacterias; evitar el humo del tabaco, aunque sea como fumador pasivo, y el contacto con personas infectadas. Y no olvidar la vacunación antigripal y antineumocócica, "para lo que conviene consultar con nuestro médico de familia o especialista si está indicada en cada paciente concreto".

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