IÑAKI CANO

España - Bosnia

En junio, cuando veamos la final por televisión, muchos dirán que la UEFA Nations League es una competición que no interesa a nadie. Pues no. Será una faena y decir eso, una vulgar excusa. Cuando veamos alzar el trofeo a Inglaterra, Portugal, Suiza, Holanda o Francia nos dará mucha envidia. Porque mientras eso suceda, España estará buscando no perder puntos en la fase de clasificación para la Eurocopa 2020 y con la posibilidad de que nos toque jugar contra la descendida Alemania. Ese es el lado positivo del chasco de la Nations: no hemos bajado.

Los jóvenes han visto a España más veces celebrando que saliendo por la puerta de atrás. Pero a lo largo de su historia nuestra Selección campeona ha tenido más penas que alegrías. Si no lo creen, se lo cuento y sabrán lo duro que fue volver antes de tiempo a casa. Ahora tenemos que olvidarnos de títulos pasados y dejar que el seleccionador cambie la decoración de la casa. Si volvemos a ganar, le aplaudiremos; si no, que al menos no haya sido por no mover un mueble. Ahora no valen medias tintas porque se necesitan cambios drásticos.

Confío en Luis Enrique porque, desde que le conozco, nunca se casó con nadie, aunque como todos en esta vida también firmase acuerdos de no agresión. De su experiencia como jugador sabe que, cuando pierdes, la terquedad no termina bien. Es el momento de cambiar, ya que los que están ahora -generalizando- nos han apeado de muchas competiciones de forma prematura. Me recuerda a otros tristes momentos en los que pensábamos que éramos muy buenos pero con teníamos suerte. Ojalá que esta travesía por el desierto dure poco, porque les aseguro que ver por televisión las celebraciones de los demás es agotador y aburridísimo.

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