LARA MONTOTO

  • De las 165 razas ganaderas autóctonas, 139 están en peligro de extinción y tan solo 26 en expansión.

Berrenda en Colorado

Imagínense que de la noche a la mañana nos quedamos sin vacas. O sin gallinas. O sin cerdos. Imagínense que en un laboratorio tienen almacenada la información genética necesaria como para devolver a algunas razas ganaderas a la vida. Ahora dejen de imaginar y lean con atención: todo esto ya existe en España.

Desde el Gobierno han impulsado algunos programas de mejora que tienen como objetivo conservar, mejorar o fomentar las razas autóctonas. El Banco Nacional de Germoplasma, gestionado por el CENSYRA, es uno de ellos. En él custodian dentro de termos con nitrógeno líquido dosis seminales de algunas razas de ganadería desde la década de los 80.

Seguro que saben que muchas plantas son modificadas genéticamente para que den tomates más rojos o manzanas más grandes. Pero... ¿sabían que ahora mismo se está llevando a cabo una selección genética para que los toros de lidia sean más bravos? ¿O para que las vacas sean más grandes y de ellas se pueda extraer más carne o más leche?  "Los animales son mejorados genéticamente por sistemas de selección. Seleccionamos los caracteres de mejor productividad en cada raza: si la raza es cárnica, intentamos que produzca más y mejor carne. Si la raza es láctea, la prioridad es la leche", explica Santiago Moreno, director del departamento de Producción Animal del Instituto Madrileño de Investigación y desarrollo Rural, Agrario y Alimentario (IMIDRA).

Otro dato: ¿sabían que el 84% de las razas autóctonas de ganadería se encuentran en peligro de extinción? Dicho de otra forma: de las 165 razas ganaderas autóctonas, 139 corren riesgos de desaparecer y tan solo 26 están en fomento (es decir, en expansión), según el Catálogo Oficial de Razas de Ganado de España (datos de octubre de 2018). La situación es la siguiente:

¿Por qué hay tantas razas autóctonas ganaderas en peligro?

Principalmente porque no son muy productivas. "El ganadero necesita vivir de la cría de su ganado. Por eso se han ido orientado a razas que producen más, olvidándose del resto", sentencia Moreno.

Pero no es el único motivo por el que se encuentran en peligro. "Es una deriva que viene desde hace años. Las migraciones a las grandes ciudades dejaron zonas despobladas y animales abandonados", apunta Javier Cuevas, responsable técnico del laboratorio de genética del Centro de Selección y Reproducción Animal (CENSYRA). "El censo de las razas que se utilizaban para el trabajo bajó muchísimo con la llegada de los tractores, como es el caso de la berrenda".


Javier Cuevas, responsable técnico del laboratorio de genética del CENSYRA.

En el Banco Nacional de Germoplasma también desarrollan programas de mantenimiento para estas especies. En sus instalaciones almacenan embriones, cuentan con espacios acondicionados para la monta de animales y tienen vaginas artificiales para la recogida de esperma. Asimismo disponen de un centro de testaje en el que, gracias a un microchip que implantan a los animales durante cinco meses, monitorean la cantidad de comida que estos ingieren y la evolución de su peso para averiguar qué razas son las que mejor rendimiento cárnico tienen o cuáles necesitan menos pienso para su crecimiento.

"Ahora mismo tenemos material genético de un total de 18 razas autóctonas en peligro de extinción. Producirlo cuesta mucho esfuerzo económico y personal. Hay muchas razas que son propiedad de los ganaderos, quienes muchas veces son reacios a dejar a sus animales para que les saquen semen en un sitio que conciben como lejano. Otros muchos viven en sitios muy rústicos con una renta baja, y les cuesta mucho dinero hacer esto", explica Cuevas.

¿Por qué conservar a las razas autóctonas en peligro de extinción?

Santiago Moreno sostiene que "son muchos factores los que nos empujan a conservar razas con poco censo: uno es que están muy adaptadas a su medio, por lo que son las que mejor explotan las características geográficas de su zona; otra es que sus productos pueden tener una calidad muy especial; y por último porque no sabemos si esas razas tienen unos componentes genéticos muy beneficiosos que todavía no conocemos. Si se extinguen, estaríamos perdiendo una calidad genética insustituible".


Santiago Moreno, director del departamento de Producción Animal de IMIDRA.

Para que los españoles aprecien sus productos, el Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente ha creado el logotipo 100% Raza Autóctona. Con él se pueden diferenciar los productos (carne, leche, jerseys...) que proceden de razas autóctonas puras, es decir, que no han sufrido ningún tipo de cruce para ser "mejoradas" genéticamente.

Razas más productivas... ¿a qué precio?

El activista-ecologista Florent Marcellesi, eurodiputado de Equo, lo tiene claro: "Las empresas privilegian la rentabilidad, la productividad y la mercantilización por encima de otros criterios tan importantes para el futuro de nuestros campos y de nuestra sociedad como pueden ser la biosiversidad genética o la conservación. Parte de esas grandes corporaciones están haciendo una selección genética que lo que hace principalmente es reducir la biodiversidad de razas, lo que se traduce en pan para hoy y hambre para mañana".

Las razas autóctonas en peligro de extinción se crían prácticamente en régimen extensivo, de manera que contribuyen a la conservación del medioambiente. Sin embargo, la proliferación de macrogranjas en España -en algunos casos en espacios pertenecientes a la Red Natura 2000- es un hecho.

Por ejemplo, las explotaciones pequeñas de porcino -que generalmente se dedican al cuidado de las razas autóctonas con poco censo- han sufrido una reducción del 45% en los últimos 11 años. "En paralelo, las explotaciones de mayor tamaño se han incrementado notablemente en este periodo, especialmente las más grandes, que han aumentado en más de un 42% en estos once años", reza el informe Indicadores económicos del sector porcino año 2017.

Sin embargo los ganaderos locales necesitan llegar a fin de mes. Por eso, si las razas de ganado que cuidan no son muy productivas, terminan optando por las que sí lo son. De ahí que tantas de las razas autóctonas ganaderas en España se hayan abandonado y, por consiguiente, se encuentren en peligro.

"La Política Agraria Común financia por hectáreas, por lo que las grandes superficies y los grandes terratenientes crecen mucho más que los que realmente trabajan y cuidan la tierra. Hay que conseguir que la remuneración de los pequeños ganaderos sea justa".

¿De qué razas nos alimentamos en España?

De razas integradas, es decir, de aquellas que proceden del extranjero pero que llevan más de 20 años en España y se han adaptado plenamente a nuestro ecosistema.

La clásica vaca blanca con manchas negras de los anuncios de leche pertenece a la raza frisona y no es asturiana, sino holandesa o alemana. Es frecuente el cruce de esta raza con machos que mejoren su carne. La raza charolesa (Francia) también tiene un papel predominante en el sector cárnico.

En cuanto a la leche de oveja, la mayor parte de la producción procede de la raza assaf, procedente de Israel.

En el ganado porcino, las granjas productoras no suelen usar razas puras, sino cruces entre Landcrace (Dinamarca) y Large White (Inglaterra).

Estos son los nombres y apellidos de algunas de las razas autóctonas que corren peligro:

Andaluza azul


Autor: Asociación Española de Criadores de Gallinas de Raza Andaluza Azul / MAPAMA

Se trata de la gallina española más antigua de cuantas aparecen reflejadas en los libros. Su nombre se debe al color de su plumaje y a la región donde vive. A pesar de poner una media de 165 huevos al año -un nivel de puesta considerado aceptable a pesar de que las gallinas de producción industrial puedan llegar a poner 300-, es considerada principalmente una raza ornamental que se exhibe en exposiciones. Tan solo quedan 32 ejemplares de esta raza.

Berrenda en colorado y berrenda en negro


Autor: Jorge Paris

Son dos razas cuyo censo bajó drasticamente con la llegada de tractores al campo, que les quitaron su trabajo. De la berrenda en colorado ahora quedan 6.124 ejemplares repartidos por España (Madrid, Extremadura, Comunidad Valenciana, Castilla-León, Castilla La-Mancha y Aragón). Sin embargo, el censo de la berrenda en negro es mucho más bajo (3.656). Cuenta con el logotipo 100% Raza Autóctona. Esta raza se encuentra muy ligada al ganado de lidia y destaca su aptitud para la doma y el aprendizaje.

Menorquina


Autor: ACPCRMe / MAPAMA

Como bien indica su nombre, vive principalmente en la isla de Menorca. Es pariente del caballo mallorquín y del caballo catalán, ya extinguido. Tiene un papel protagonista en las diferentes fiestas patronales que se celebran en la isla. Son de color negro azabache, aprenden muy rápido y en los últimos tiempos también se están empleando para eventos deportivos de doma clásica y doma menorquina. Su censo de 3.327 ejemplares.

Porco celta


Autor: MAGRAMA / MAPAMA

Estos cerdos de adorables orejas viven en Galicia, territorio al que de momento está limitada su cría y explotación. De su carne se extraen productos típicos como el lacón gallego. Hasta mediados del siglo XX, la mayoría de familias tenían uno o dos en sus casas. Sin embargo, desde que el modelo de ganadería intensiva se impuso en la zona, su liderazgo fue eclipsado por razas más productivas. No obstante, cada vez se está demandando más su carne de gran calidad. También cuentan con el logotipo 100% Raza Autóctona.

Zamorano-leonés


Autor: MAGRAMA / MAPAMA

Recibe su nombre de las provincias a las que más ha estado vinculado a lo largo de la historia. Le caracteriza su largo y abundante pelaje, que crece en jirones. En España llegó a ser motivo de muerte en la Edad Media criar zamoranos sin el control de la Corte, ya que ésta no quería que la raza llegase al extranjero y los rivales se aprovechasen de sus virtudes, como por ejemplo la fuerza. Desde mediados del siglo XX su uso para el trabajo empezó a caer en picado y su crianza se abandonó. Solo quedan 1.471 ejemplares de este asno.

Cabra del Guadarrama

 
Autor: Jorge Paris

Esta cabra madrileña además de aportar leche y cabritos lechales para el consumo, es conocida por su reputación de 'cabra bombero'. Esta fama se debe a que se comen los brotes bajos de los montes, de manera que ayudan a reducir el riesgo de incendios. De hecho en algunas zonas han llegado a pagar a los ganaderos para que lleven a sus cabras a realizar esta labor. Quedan 9.360 en España.

Rubia del molar y colmenareña

 
Autor: Jorge Paris

Tanto las rubias como las morenas que aparecen en la foto están en peligro de extinción. Sin embargo de las rubias quedan muchas menos (1.677) que de las colmenareñas (7.190). La rubia siempre ha vivido en Madrid, en la zona noroeste, donde los pastos son escasos y de baja calidad debido a la clima poco favorable y el suelo pobre. Antaño se empleaba su lana para fabricar colchones. Actualmente se emplea para el consumo cárnico. De la colmenareña también se utiliza la carne de cordero lechal y además cuenta con el respaldo del logotipo 100% Raza Autóctona.

Camello canario


Autor: CC.AA. de Canarias / MAPAMA

Su historia se remonta a las fechas de la colonización europea. Procede del continente africano y debido a su buena adaptación al territorio insular, se expandió por todo el arhcipiélago. Aunque su principal uso es como animal turístico, su leche contiene un alto valor nutritivo y su carne es apta para el consumo. Se encuentra en grave peligro de extinción, pues solo quedan 276 ejemplares. Ha sufrido una fuerte regresión en el medio rural por la modernización del trabajo agrícola en las islas.

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