ÁLVARO MACÍAS

  • La pinacoteca madrileña repasa sus 200 años en la exposición 'Museo del Prado 1819-2019. Un lugar de memoria'.
  • Dividida en ocho partes, la muestra funciona como diálogo entre artistas y sociedad.
  • "El Prado tiene que estar a la altura de su historia", ha dicho su director, Miguel Falomir.

Una persona observa las obras " La maja desnuda" (1785-1800), de Francisco de Goya, y el "Desnudo recostado" (1964), de Pablo Picasso, durante la presentación de la exposición "Museo del Prado 1819-2019. Un lugar de memoria"

El Museo del Prado se ha propuesto, por su bicentenario, que el público conozca realmente qué es el Museo del Prado. Y este lunes, que la pinacoteca cumple 199 años, se inaugura una exposición en la que sus salas, los artistas y la sociedad dialogan a través del tiempo.

Museo del Prado. 1819-2019. Un lugar de memoria, que estará disponible hasta el 10 de marzo, enhebra un relato entre la realidad de España desde que se abriera bajo el reinado de Fernando VII hasta nuestros días, donde prima el visitante internacional, pasando por cómo afectaron a su gestión las desamortizaciones de Mendizábal o las leyes republicanas antes de la Guerra Civil y del franquismo.

Para Miguel Falomir, el director, "el Prado tiene que estar a la altura de su historia". "Es un programa ambicioso. Cuando diseñamos las exposiciones, no queríamos blockbusters. Esta muestra tiene cuato características: es importante, visualmente atractiva, necesaria y emocionante. En los próximos meses, cuando pregunten sobre el Museo del Prado, habrá que responder: 'vayan y vean la exposición'", ha asegurado.

"El museo carecía de una reflexión.Una asignatura pendiente es la didáctica. Mucha gente no sabe que en su ciudad hay a veces casi cien obras del Prado", ha comentado, así como que las exposiciones "tenían que paliar las deficiencias del museo: la pintura holandesa, el Quattrocento italiano y las mujeres pintoras", a la par que nombraba las próximas exhibiciones que mitigarán dichas ausencias durante los actos celebrativos previstos hasta 2019.

"Un museo para los pintores"

Sin embargo, en la muestra no aparece ni un solo nombre de pintora. Del total de 168 obras que se exponen -de las que 34 tienen una procedencia ajena al museo- apenas María Zambrano hace acto de presencia mediante un libro que dedicó a una de sus visitas.

Que dichas obras provengan, casi en su totalidad del propio museo, tiene una ventaja y una desventaja, según Javier Portús, jefe de Conservación de Pintura Española hasta 1700 y comisario: "Se puede trabajar hasta el final y, de hecho, la desventaja es la misma, pues parece no tener final y hasta el último día se ha trabajado".

Picasso, Fortuny, Velázquez, Goya, Miró, Sorolla, El Greco, Pollock, Manet, Chase, Saura... Sus firmas realzan aquella frase del artista inglés Charles Ricketts sobre el Prado: "es un museo para los pintores".

Ellos conviven en las salas, dando lugar en ocasiones a "encuentros extraordinarios", como ha explicado Portús. Así, un cuadro preparatorio del Guernica de Picasso, Madre con niño muerto, convive con Cristo muerto sostenido por un ángel de Antonello da Messina (1475) o se observa que el traslado de los cuadros hasta la exposición de Ginebra en 1939 coincide con el exilio a Colliure de Antonio Machado, gran partícipe de las Misiones pedagócicas.

Portús ha ahondado en ello una frase del pintor Ramón Gaya, quien, también en el exilio, aseguró que "desde lejos se piensa en el Prado no como un museo, sino como una patria".

Un viaje por el tiempo

Un mapa extenso que se recorre no solo a través de los cuadros. Cartelería, material fotográfico, esculturas, instalaciones audiovisuales o incluso un fragmento de bomba de la Guerra Civil complementan este itinerario por la memoria del centro madrileño, que "busca fórmulas para prolongar sus límites". "Con los debates y las críticas se ha ido resolviendo y avanzando, pero esta exposición es celebrativa porque el Prado goza de buena salud", ha aseverado Portús.

Según él, se le ha pedido "un sobreesfuerzo a las obras" para que cuenten la historia del museo porque, aunque la exposición "puede ser algo confusa, el viaje es un privilegio". Realmente, quien desconozca la historia de España precisará de los diferentes recursos e instrumentos que el Prado ha dispuesto para disfrutar de la muestra.

Articulada en ocho partes cronológicas, la muestra comienza de 1819 a 1833, cuando el museo aún tiene el título de Real y eran las colecciones monárquicas las que se exhibían. La segunda de ellas corresponde al período entre 1833 y 1868, en el que se crea el Museo de la Trinidad tras las desamortizaciones y, en Europa, se descubre el arte español.

Le sigue la etapa comprendida entre 1868 y 1898. En ella, debido a la revolución liberal, se nacionaliza el Prado y se convierte en una meca para los pintores de todo el mundo, que "dialogan" con sus maestros.

Hasta 1931 se explica cómo influyeron los progresos científicos, la creación del Patronato y que la pinacoteca se especializa en arte antiguo. La siguiente etapa, la única que no sigue el orden temporal, se dedica a la importancia que han tenido en su historia donaciones y legados.

En las tres restantes, el siglo XX: desde cómo la República promulgó la ley de patrimonio, madre de la actual de 1985, y extendió la pintura gracias al Museo circulante hasta la Guerra Civil y el franquismo, que dejó vacías sus salas y más tarde vivió su apertura internacional, tomando la fama que actualmente tiene, lo cual compone su última etapa.

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