NANI F. CORES

  • Ofrece un recorrido a través de un centenar de piezas de su colección relacionadas con este color. 
  • Incluye indumentaria desde el siglo XVIII a la actualidad y diseñadores de renombre como Balenciaga.

Abanico, 1890 -1914

Su nombre va asociado a lo femenino, lo romántico, lo dulce, lo tierno, lo erótico y la felicidad amorosa -ya lo cantó Edith Piaf "cuando me toma en sus brazos y me canta bajito, veo la vida en rosa". También es símbolo de lucha: la feminista y la de tantas mujeres que han luchado para vencer el cáncer de mama. Y a pesar de todo, algunos también le han ridiculizado tachándole de cursi y débil.

En una época en la que lo femenino y lo feminista toman las calles y reivindican su espacio y la igualdad de oportunidades, una exposición rinde homenaje al color rosa y a la vez explora los aspectos técnicos y simbólicos asociados a este color.

Recién inaugurada en el Museo del Traje, donde podrá visitarse hasta el 3 de marzo, La Vie en Rose toma prestado su título de la canción insignia de Edith Piaf para ofrecer un recorrido a través de un centenar de piezas de su colección relacionadas de una u otra manera con el rosa.

"Una mirada a su historia puede arrojar luz sobre la polémica que envuelve a un color que ha sido siempre el más positivo de toda la paleta cromática, y que solo en las décadas más recientes ha adquirido una dimensión peyorativa que tiene que ver con la mirada patriarcal que sigue imponiendo sus valores en nuestra sociedad", dice el museo.



La muestra ofrece numerosos ejemplos de la utilización del rosa en el textil y la indumentaria, desde el siglo XVIII a la actualidad. Partiendo del Rococó y el llamado 'gusto francés' protagonizado por personajes como Madame de Pompadour y la reina Maria Antonieta y tonos rosas que se usaban para ambos géneros por igual; y pasando por el Neoclasicismo, que recupera la fascinación por la Antigüedad y la traslada a la estética de la Revolución Francesa con rosas más oscuros; y el Romanticismo, donde este tono se convierte en la estrella del traje de 'sumisión' repleto de encajes, lazos y adornos varios.

Durante el siglo XX, los significados y las connotaciones del rosa irán variando. En el periodo de entreguerras empieza a asociarse al pensamiento "blando" y el régimen nazi se hace eco marcando a los homosexuales recluidos en los campos con un triángulo rosa.

A partir de los años 50, diseñadores como Dior, Chanel, Yves Saint Laurent o Balenciaga explorarán este color en sus colecciones, mitos eróticos como Marilyn Monroe o Jayne Mansfield lo lucirán y el Vogue americano dedicará 20 páginas de la revista a esta tendencia.

Sus interpretaciones más agresivas llegarán con el movimiento punk, encabezado por la diseñadora Vivienne Westwood, y el uso que de él han hecho estrellas del pop como David Bowie o Pharrell Williams, para romper una lanza a favor del rosa en el guardarropa masculino.

Algunas curiosidades sobre el rosa:

Échame un capote

A mediados del siglo XIX los toreros empiezan a utilizar de forma habitual el llamado 'traje de luces' y al mismo tiempo se pone de moda usar el rosa para las distintas piezas que lo componen: chaqueta, chaleco, calzón, medias y faja. Aunque en la actualidad la indumentaria torera se realiza en cualquier color hay dos elementos en los que el rosa perdura a través de los años: las medias y una de las caras del capote (que simboliza buena suerte, clase y nobleza).

¿El color de las niñas?

Aunque hoy en día se asume con toda naturalidad la asociación entre el color rosa y las niñas, no siempre fue así. En el siglo XIX los bebés y niños pequeños solían vestir de color blanco. Las técnicas para tintar prendas eran caras, así que vestir a los niños con ropas teñidas era un símbolo de riqueza y tanto el azul celeste como el rosa se utilizaron para ambos sexos por igual (incluso con más frecuencia el rosa para los varones). Las estrategias de publicidad y marketing durante el siglo XX se ocuparon de forzar esta norma no escrita hasta la exageración.

El origen de un color

El color rosa se obtiene mezclando el rojo con el blanco o diluyendo el rojo con agua. En Europa se empleaban para conseguirlo diversas especies animales como quermes, cochinillas de Armenia y rubias (procedimientos que, sin embargo, resultaban muy costosos). Con la llegada de los españoles a América comienza a utilizarse la cochinilla mejicana, con la que se consiguen rojos más vivos y, por extensión, rosas más intensos. En 1856, William Henry Perkin consigue el primer tinte químico para el violeta, dando lugar a infinidad de tonalidades rosas.

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