JORGE GARCIA 20M

Gripe, resfriado

En esta época del año, es común contraer enfermedades víricas como la gripe, pues la humedad relativa elevada y las temperaturas bajas facilitan la transmisión del virus.

La gripe, en la gran mayoría de casos, no es un problema grave (cuando lo es, se debe, más bien por complicaciones) y puede solucionarse descansando. Sí, descansando, porque dado que los antibióticos son completamente ineficaces contra ella (y por ello no debemos tomarlos salvo que sean prescritos por un médico por las razones que fueran) la única manera de superarla es paliar los síntomas de la mejor manera posible y esperar a que pase sin someterse a grandes esfuerzos que puedan prolongar nuestro malestar.

Pero esto no siempre es posible. Por estabilidad laboral, muchas personas, si se ven capaces, acuden a trabajar aún teniendo gripe (incluso cuando la legislación española contempla el derecho de los trabajadores a tres días de permiso retribuido al comienzo de una enfermedad, sin necesidad de presentar justificante médico). Esta es una de las facetas del fenómeno conocido como presentismo, que consiste en ir a trabajar incluso cuando no se está en condiciones para ello.

Ir a trabajar con gripe no es recomendable en ningún caso. Por un lado, perjudica gravemente la productividad del enfermo, ocasionando cansancio, fatiga, y problemas de concentración; y prolonga la recuperación, a la larga afectando la motivación del trabajador. Por otro, este tipo de dolencias son muy contagiosas, por lo que ir a trabajar supone un riesgo para los compañeros.

El servicio de salud de la comunidad de madrid, incluso, recomiendan no volver al trabajo hasta dos días después de la desaparición de la fiebre que acompaña a la gripe, para asegurar la recuperación completa y minimizar tanto el riesgo de recaída como el contagio; este consejo se aplica, de igual manera, a los virus estomacales.

Sin embargo, si decidimos ir a trabajar, conviene tomar algunas precauciones: prestar atención a nuestros síntomas y abandonar la actividad para volver a casa si empeoran, mantenerse a una temperatura adecuada (evitando exponerse tanto a frío como a calor), evitar realizar cualquier tipo de actividad física intensa, minimizar el riesgo de contagio (evitando en la medida de lo posible el contacto con los demás, especialmente físico; lavando o desinfectando nuestras manos con frecuencia; tapando la boca con el codo al toser), paliar los síntomas con analgésicos, antitusivos o antiinflamatorios, y tomar frecuentes descansos para evitar fatiga excesiva.

En cualquier caso, acudir enfermo al trabajo supone casi en cualquier situación que la productividad del empleado baja, es un esfuerzo que no ayuda en absoluto a la pronta recuperación, provoca estrés y desmotivación a largo plazo y pone en riesgo a los compañeros. Por ello, mientras sea posible, los expertos insisten: es mejor quedarse en casa.

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