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  • El miedo a una recaída puede conducir al sedentarismo, pero los expertos recomiendan ejercicio supervisado.
  • "Son pacientes cuyos problemas físicos les hacen llevar una vida más sedentaria que, en vez de mejorar su patología, la empeora".

Ejercicio

Aunque la supervivencia ha mejorado considerablemente, las enfermedades cardiovasculares siguen siendo la principal causa de muerte en España, responsables de casi un tercio de los fallecimientos cada año. De ellas, alrededor de un 23% son accidentes cerebrovasculares y el resto están relacionadas con enfermedades como insuficiencia cardíaca, cardiopatías isquémicas o infartos.

Hasta hace no mucho a los enfermos del corazón se les prohibía la actividad física, o al menos reducirla considerablemente, por temor a una recaída o empeoramiento. Pero la evolución en el conocimiento de la enfermedad cardíaca ha provocado un cambio radical en estas recomendaciones.

"Son pacientes cuyos problemas físicos les hacen llevar una vida más sedentaria que, en vez de mejorar su patología, la empeora", señala la doctora Esther Merino, responsable de la Unidad de Rehabilitación Cardíaca del Hospital Universitario Quirónsalud Madrid, cuya unidad desarrolla un programa integral de rehabilitación que pone especial atención en la práctica de ejercicio.

El ejercicio mejora la capacidad física, lo que hace que el corazón trabaje menos para lograr un mismo nivel de esfuerzo, con menor elevación de las pulsaciones y la tensión arterial. Y además de ayudar a controlar los factores de riesgo cardiovascular, es beneficioso para otros órganos como los pulmones.

La rehabilitación cardíaca tras superar un infarto persigue la recuperación de un estado físico y mental saludable, así como la prevención de recaídas, y tiene cuatro pilares fundamentales: ejercicio físico prescrito de manera individual, detección de control de los factores que han llevado a la enfermedad, atención psicológica e información para el autocuidado.

El número de sesiones de rehabilitación varía dependiendo del paciente pero, por lo general, la fase ambulatoria comienza tras el alta y dura de dos a tres meses, con entre una y tres sesiones semanales. "Durante ese periodo se realizan ejercicios dirigidos a mejorar tanto la resistencia como la fuerza", añade el doctor Luis Serratosa, jefe del Servicio de Rehabilitación y Medicina del Deporte del mismo hospital. Además, el desarrollo tecnológico permite monitorizar sin cables de forma continua su electrocardiograma.

"Los beneficios son muchos y el riesgo mínimo", defiende este experto, que apela a la evidencia científica que ha demostrado una menor mortalidad, menor riesgo de recaídas, menos consultas médicas y menos medicación en aquellos pacientes que realizan un programa de rehabilitación. Y las ventajas no son solo físicas, igualmente mejoran su autoconfianza y estado de ánimo. A esto ayuda el apoyo psicológico que también reciben en estos programas, dado que "son pacientes que, por lo general, tienen miedo a retomar su actividad normal (laboral, deportiva, sexual, etc.), con riesgo incluso de caer en un estado de ansiedad o depresión", según Serratosa.

Además, estos programas también buscan identificar los factores de riesgo que han podido favorecer el infarto o la enfermedad cardíaca, "intentando ayudar al paciente a modificarlos con asesoramiento nutricional y apoyo para dejar de fumar", subrayan ambos especialistas. De hecho, recalca la doctora Merino, el programa incluye un plan de formación para que el paciente conozca qué le ha pasado y se conciencie de las medidas que podrán favorecer su recuperación. "El objetivo es que los cambios en los estilos de vida que proponemos no se diluyan en el tiempo, sino que duren para toda la vida".

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