EFE

Recordando a Asunta

Un lustro ha transcurrido desde la desaparición y posterior hallazgo del cadáver de Asunta Basterra, un hecho que forma parte de la crónica negra de España y por el que han sido condenados sus padres adoptivos, los cuales se encuentran en la actualidad en prisión.

La condena que se les impuso por el crimen de esta niña de altas capacidades, que bailaba, tocaba el piano y el violín y se manejaba con cierta destreza en hasta seis idiomas, fue de 18 años entre rejas por un vil asesinato que conmovió a todo el país y, en el caso de ambos, con la agravante de parentesco.

Rosario Porto, abogada, cumple la pena en la prisión de A Lama, en Pontevedra, donde, según ha contado su entorno próximo, lleva en el módulo de enfermería una vida tranquila.

Allí habita "acompañada", lee, escribe, recibe muchas cartas, acude a la biblioteca, goza con la radio, participa en algunas actividades y asiste a misa.

Alfonso Basterra, periodista, está en el otro extremo de Galicia, en el penal de Teixeiro, en A Coruña, y de puertas adentro su día a día prácticamente transcurre de la misma manera, tal y como han desvelado fuentes conocedoras de su estado.

Está este comunicador totalmente integrado en la cotidianidad carcelaria, en un módulo tranquilo, y no es conflictivo, pese a que en un inicio sí tuvo una actitud más desafiante; además, da muestras de su nivel intelectual y ya ostenta algún puesto de confianza, de responsabilidad, e incluso remunerado, como ocurre con el reparto de comida del que se ocupa.

Los dos, Charo y Alfonso, están sentenciados, en una causa celebrada con jurado popular, por la muerte violenta de su hija adoptiva, que pasó casi toda su corta vida con ellos, pues era una recién nacida procedente de China cuando llegó a la casa de este otrora matrimonio.

Su cadáver fue localizado el 22 de septiembre de 2013 por dos viandantes en una cuneta del municipio de Teo, próximo a Santiago de Compostela, y el truculento y sórdido final de esta menor de 12 años, cuyo rastro se perdió un día antes, acrecentó la sensación de orfandad entre todos aquellos que en verdad la querían.

Pueden pedir permisos

Alfonso y Rosario, para poder disfrutar de permisos, según detalla Instituciones Penitenciarias, han de tener cumplida una cuarta parte de la condena, ser un reo en segundo o tercer grado y contar con el beneplácito de la junta de tratamiento y la autorización del juez de Vigilancia Penitenciaria.

La concesión o no de estos permisos son decisión de la junta de tratamiento, que además de valoraciones objetivas acerca del tipo de delito ylos riesgos de reincidencia o quebrantamiento de la condena también valoran los comportamientos de los condenados en prisión. En este caso, la peor parada sería Rosario Porto tras sus episodios de ingesta de pastillas, entre otras cosas, para evitar que la cambiasen de cárcel.

En esas están y, mientras, no se sabe la razón del perecimiento de Asunta, el móvil, el porqué la mataron.

La investigación

Las incongruencias testificales de Rosario Porto y Alfonso Basterra, y sus teorías imposibles de probar, desencadenaron muy pronto las sospechas, lo que provocó sus detenciones por homicidio, una calificación que posteriormente se elevó.

En el endurecimiento de la condena pesaron las pruebas forenses realizadas a la víctima y que revelaron que era sedada con Lorazepam, un ansiolítico cuyo registro más alto correspondía al día 21, la jornada en la que ella desapareció.

Los análisis mostraron, igualmente, significativas concentraciones de este tranquilizante durante el mes de julio de ese año, fecha en la que dos profesoras de música de Asunta detectaron en la alumna un preocupante estado de somnolencia, que su familia atribuyó a su supuesta condición de alérgica, patología por la que, decían, estaba en tratamiento. La pediatra, no obstante, siempre negó tal padecimiento.

El 19 de noviembre de 2013 se levantó el secreto de sumario y trascendió un auto en el que constaba el convencimiento de que los padres de Asunta tenían un plan acordado para finiquitar su existencia, según el cual él se encargaría de drogarla hasta el aturdimiento para facilitar con ello una asfixia que ejecutaría la madre.

La instrucción consideró probado que en el domicilio de Alfonso Basterra (Rosario y él estaban separados) es donde se produjo la ingesta de tranquilizante y, también, que existía una autoría material y otra intelectual "y perversa".

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