EUROPA PRESS

  • Los investigadores buscan similitudes con el comportamiento social de los humanos.
  • Bajo el influjo de la droga, los pulpos abrazan y besan su jaula.
  • "Es muy similar a cómo los humanos reaccionan al éxtasis, se tocan con frecuencia".

Pulpo

Un equipo de científicos estadounidenses ha desarrollado un experimento en el que le han administrado éxtasis y otras drogas a unos ejemplares de pulpo para ver cómo se altera su estado de ánimo. Los investigadores han encontrado que los animales se hacen más sociables, una evidencia de un vínculo evolutivo entre los comportamientos sociales de las criaturas marinas y los humanos.

Si se validan los hallazgos de estos experimentos --que se detallan en un artículo publicado este jueves en la revista Current Biology--, dicen los investigadores, pueden abrir oportunidades para estudiar con precisión el impacto de las terapias con medicamentos psiquiátricos en muchos animales que se relacionan lejanamente con las personas.

"Los cerebros de los pulpos son más similares a los de los caracoles que los humanos, pero nuestros estudios se suman a la evidencia de que pueden exhibir algunos de los mismos comportamientos que nosotros", afirma el investigador principal de este trabajo, Gül Dölen, profesor asistente de Neurociencia en la Facultad de Medicina de la Universidad Johns Hopkins, en Baltimore, Maryland, Estados Unidos.

"Lo que sugieren nuestros estudios es que ciertas sustancias químicas del cerebro, o neurotransmisores, que envían señales entre las neuronas necesarias para estos comportamientos sociales se conservan evolutivamente", añade.

Pulpos asociales

Los pulpos, dice Dölen, son conocidos por ser criaturas inteligentes, ya que pueden engañar a sus presas para que caigan en sus garras y hay algunas pruebas de que también aprenden por observación y tienen memoria episódica. Los invertebrados gelatinosos (animales sin columna vertebral) son muy conocidos por escaparse de su tanque, comer comida de otros animales, eludir a los cuidadores y escabullirse.

Pero la mayoría de los pulpos son animales asociales y evitan a otros, incluidos otros pulpos. Pero debido a algunos de sus comportamientos, Dölen todavía pensaba que podría haber un vínculo entre la genética que guía el comportamiento social en ellos y en los humanos. Un lugar para buscar fue en la genómica que guía a los neurotransmisores, las señales que las neuronas transmiten entre sí para comunicarse.

Dölen y Eric Edsinger, investigador del Laboratorio de Biología Marina en Woods Hole, Massachusetts, Estados Unidos, observaron de cerca la secuencia genómica de Octopus bimaculoides, comúnmente conocido como el pulpo de dos manchas de California.

Específicamente, en las regiones de genes que controlan cómo las neuronas conectan los neurotransmisores a su membrana, Dölen y Edsinger descubrieron que los pulpos y los humanos tenían códigos genómicos casi idénticos para el transportador que une el neurotransmisor serotonina a la membrana de la neurona. La serotonina es un regulador conocido del estado de ánimo y está estrechamente relacionado con ciertos tipos de depresión.

También se sabe que el transportador de unión a la serotonina es el lugar donde el fármaco MDMA se une a las células cerebrales y altera el estado de ánimo. Entonces, los investigadores se propusieron ver si y cómo los pulpos reaccionan a la droga, lo que también produce los llamados comportamientos pro-sociales en humanos, ratones y otros vertebrados.

Alterados con éxtasis

Dölen diseñó un experimento con tres tanques de agua conectados: uno vacío, uno con una figura de acción plástica debajo de una jaula y otra con un pulpo criado en laboratorio, femenino o masculino, debajo de una jaula.

Cuatro machos y hembras fueron expuestos a MDMA poniéndolos en un vaso de precipitado que contiene una versión licuada de la droga, que los pulpos absorben a través de sus branquias. Luego, se colocaron en las cámaras experimentales durante 30 minutos. Los cuatro tendían a pasar más tiempo en la cámara donde estaba enjaulado un pulpo macho que las otras dos cámaras.

"No es solo cuantitativamente más tiempo, sino cualitativo. Tendían a abrazar la jaula y colocar sus partes bucales en la jaula --describe Dölen--. Esto es muy similar a cómo los humanos reaccionan a la MDMA, se tocan con frecuencia". En condiciones normales, sin MDMA, cinco pulpos machos y hembras evitaron solo a los pulpos machos enjaulados.

Dölen dice que los experimentos sugieren que los circuitos cerebrales que guían el comportamiento social en los pulpos están presentes en condiciones normales, pero pueden ser suprimidos por circunstancias naturales o de otro tipo. "Los pulpos suspenden su comportamiento antisocial para el apareamiento, por ejemplo. Luego, cuando terminan de aparearse, entran en un modo asocial y agresivo", explica Dolen.

No obstante, este investigador advierte que los resultados del trabajo son preliminares y necesitan ser replicados y afirmados en futuros experimentos antes de que puedan emplearse los pulpos como modelos para la investigación del cerebro.

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